domingo, 8 de marzo de 2009

Así era yo: celosa, impulsiva, aprensiva, y creo que hasta asfixiante. Pero ahora entiendo muchas cosas. Hoy sé que los celos no son una prueba de amor; todo lo contrario, los celos no son más que inseguridad (a veces provocada, a veces creada por iniciativa propia), inmadurez y desconfianza. Me sentía insegura y, por lo tanto, amenazada por cuanto ser femenino estuviera a su alrededor, porque a veces sentía que el no me quería como yo esperaba que lo hiciera. Finalmente, era muchísimo más inmadura de lo que soy ahora, no toleraba muchas pulgas y tenía una idea algo equívoca qué era lo que quería de una 'relación'.
Antes, si me llamaba un jueves para avisarme de que va a salir con sus amigos del trabajo a tomar unas cervezas, probablemente le hubiera hecho una telenovela; no hubiera pensado en que podría aprovechar esa noch
e para mí, para ir de compras tranquila o para ver una de esas películas que a él no le gustan. No me estoy jactando; aún me falta mucho, pero ya no vivo con la idea paranoica de que me están engañando con todo el mundo. Sigo atenta, solo por si acaso. Tampoco es que me haya vuelto una mosquita muerta, pero mi radar se ha afinado y ahora sabe detectar con mayor precisión las señales que indican que mis posibles futuros celos pueden ser infundados o justificados

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